Aquel inolvidable 28 de octubre de 1951, el «Chueco de Balcarce» se coronaba en la última fecha en Barcelona. Luego repetiría hazaña cuatro veces más.

La patria fierrera argentina recuerda hoy el aniversario número 70 de la obtención del primer titulo mundial de Juan Manuel Fangio en la incipiente Formula 1 Internacional, el cual logró al vencer en la última competencia de la temporada 1951, en el circuito español de Pedralbes.

De ese modo, Fangio inició una legendaria trayectoria que no había tenido parangón en ese selecto mundo hasta la aparición del alemán Michael Schumacher a fines de siglo y del británico Lewis Hamilton en la era contemporánea.

Aquel inolvidable 28 de octubre de 1951, el país entero madrugó para escuchar la transmisión radial que desde el autódromo de Barcelona seguía las alternativas de la última carrera del año, en la que Fangio, conduciendo un Alfa Romeo, definía el campeonato contra el recordado Alberto Ascari, que piloteaba una Ferrari.

Ese día, Fangio hizo una amistosa apuesta con el piloto italiano que consistía en que quien ganase la competencia pagaba la fiesta y el que perdía escogía el lugar y elegía a los invitados.

El “Chueco de Balcarce” no solo pagó la fiesta en el Doumo, en Milán, sino que además contrató una orquesta española para que tocara y cantara durante toda la velada.

Con esa carrera Juan Manuel Fangio conquistó su primer campeonato mundial e ingresó en la galería de los elegidos.

Llegó a Europa en el año 1948 y con su Maserati azul y amarillo fue sensación en cada carrera. Su figura adornaba por aquel entonces las portadas de los principales medios periodísticos del continente.

“En el 1948 y el 1949 ya había corrido con Simca, Ferrari y Maserati, pero mi sueño era tripular un Alfa Romeo, ese coche era una barbaridad”, recordaba entusiasmado Fangio.

En la década de 1950 los representantes de la marca italiana lo convocaron para conducir un Alfa Romeo y al momento de formalizar el contrato le pidieron que estipulara el dinero que quería ganar, pero Fangio les firmó en blanco poniendo ellos las cifras que iba a percibir.

Ese año ganó tres carreras cumpliendo un brillante papel, y llegó a la definición en Monza, donde perdió el campeonato por tres puntos. “En el reparto me tocó la peor máquina, hice lo que pude, marque el récord de vuelta y luego el motor se fundió perdiendo toda posibilidad”, relataba él mismo.

Después de su primer título mundial, en 1952 se estrelló en el circuito italiano de Monza, hecho que lo mantuvo inactivo durante toda la temporada, y al año siguiente obtuvo una sola victoria.

Alfred Neubauer, entonces director de la Mercedez Benz, lo consideró el mejor piloto del circuito, no reparó en gastos y lo contrató para defender a la escudería alemana. En su debut con los Mercedes, en 1954, ganó el Gran Premio de Francia y con otras cinco victorias obtuvo su segundo campeonato Mundial, galardón que repitió en 1955, 1956 y 1957 consecutivamente.

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