El Juzgado de Instrucción 3 de San Vicente cerró el expediente caratulado como “femicidio” y “doble femicidio vinculado”. Luego de los asesinatos el agresor intentó suicidarse.

Pasados poco más de dos años del triple homicidio a machetazos de Raquel Pereira (22), Jeferson (8) y Thiago (3), sus dos pequeños hijos, el expediente ya fue remitido al Tribunal Penal de Oberá donde aguarda que se fije una fecha en la agenda para juzgar a Silvio Mogarte (29), por la calificación de “femicidio” y “doble femicidio vinculado”.

Según se pudo saber hace pocos días el Juzgado de Instrucción 3 de San Vicente recibió el requerimiento de elevación a juicio del caso, luego que la fiscalía opinara que ya no se necesitaban más pruebas para cerrar la etapa de instrucción.

Tal como lo había adelantado este Diario, lo último que faltaba concretarse era una pericia dental. Sucede que a pocos metros del lugar de los asesinatos, la policía halló un paladar que se presumía podía ser del agresor. Para descartar que el hallazgo de esta pieza no sumara a otro sospechoso en la investigación, le colocaron la misma prótesis a Mogarte para determinar si correspondía o no con su cavidad bucal. ¿Se le había caído, luego de atacar a su pareja y sus hijos? La investigación señala que la prótesis “voló” de su boca cuando él se disparó con un rifle modificado calibre 22 para intentar quitarse la vida.

Separación

Raquel se había separado de Mogarte dos meses antes. La mala relación que tenía con su hijo mayor la llevó a tomar esa decisión. Con ayuda de sus familiares levantó una casita en Colonia Fortaleza, a 25 kilómetros de San Pedro. Quien ya era su expareja no estaba de acuerdo con la decisión de la joven y ese mismo 7 de agosto de 2019, habló con su suegro. Le dijo sin mencionar a quién: “Me voy porque tengo que ver a una mujer y si no me abre la puerta voy a entrar por la ventana”.

En horas de la mañana Mogarte llegó a la vivienda de Raquel y atacó a los tres a machetazos hasta provocarles la muerte. No hubo testigos. No se sabe a quienes asesinó primero. Luego, según indica el expediente, intentó degollarse con un cuchillo tipo tramontina y se efectuó un disparo. Lo que siguió sí fue visto por una persona, que seguramente prestará declaración testimonial en el eventual debate.

Mogarte caminó más o menos un kilómetro desde la casa de Raquel. Llegó a una vivienda por la parte posterior de la chacra. Un hombre estaba en compañía de su madre y ambos observaron acercarse a una persona en muy mal estado. “Fijate”, le dijo la señora a su hijo.

El sospechoso llegaba con un machete en la mano y la cara “empavonada” de sangre, tal como contó oportunamente. Cuando estaba a tres metros el vecino le dijo “pará”. Mogarte le hizo caso. Le balbuceó algo así como que lo habían atacado. Tenía la boca con señales de haber recibido una perdigonada. Lo vinculó tal vez al disparo de un cazador al estar muy cerca de la reserva de Yabotí.

Lo subió a su camioneta y en el camino se detuvo en casa de un vecino para mostrarle que llevaba a un herido y como para tener un testigo que dijera que él solo lo estaba ayudando, que no le había hecho nada.

Juntos llegaron a la comisaría de San Pedro pero como no estaba el móvil lo llevaron en la camioneta hasta el Hospital. Minutos después una comisión policial se dirigió a la zona y halló los tres cuerpos.

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