Su hecho fundacional se dio del 28 de julio de 1872 y la propuesta para dar forma a una agrupación interesada por la ciencia partió de un grupo de jóvenes estudiantes universitarios

Con sus 150 años de existencia, la Sociedad Científica Argentina es una de las entidades nacionales más tradicionales, permanentes y altamente representativas del interés por la ciencia vernácula e internacional.

Su hecho fundacional se dio el 28 de julio de 1872 y desde entonces se transformó en constante auspiciante de múltiples encuentros, viajes de estudios, promoción y realización de las primeras exposiciones científicas e industriales, sostén de las expediciones a tierras distantes del país, animadora de conferencias y seminarios; dispuesta, siempre, a congregar a las más destacadas personalidades vinculadas a la ciencia y la cultura del país o de visita por él; evaluadora de proyectos, asesora del Estado (en temas puntuales sometidos a su consideración) y una variedad de otras promociones.

En cierta ocasión dijo uno de sus presidentes: “No hacemos ciencia en el sentido de tener laboratorios, de tener grandes establecimientos, sino que esta casa hace sí todo lo posible para crear una edad vital y una atmósfera que conduzca a valorar por parte de la sociedad, la ciencia, a estimular a los científicos … (e) irradiar ante el mundo, por medio de los Anales, … que en la Argentina hay gente que se dedica precisamente a este menester”.

La propuesta para dar forma a una agrupación interesada por la ciencia partió de un grupo de jóvenes estudiantes universitarios residentes en Buenos Aires. Por entonces, el país estaba gobernado por Domingo F Sarmiento y, si bien no tuvo injerencia directa en su instalación, sí había una atmósfera cultural favorable para una decisión de este tenor.

El primer paso lo dieron estudiantes del Departamento de Ciencias Exactas de la Facultad de Ciencias Físicas y Naturales, entre ellos Juan Dillón, Santiago Barabino, Luis A Huergo, Valiente Noailles y Estanislao Zeballos, quienes hasta pensaron posibles denominaciones: unos se inclinaron por Academia Científica de Buenos Aires; otros por Estímulo Científico. 

El segundo y definitivo paso se desplegó a mitad de 1872, cuando tras una reunión realizada en el edificio del Colegio Nacional de Buenos Aires, se nombra una comisión directiva que tiene como presidente a Luis A Huergo; vicepresidente, a Augusto Ringelet; secretario 1º, a Carlos Stegman; secretario 2º, a Juan Dillón; tesorero, a Ángel Silva y los cuatro vocales: Guillermo White, Francisco Lavalle, Juan Remorino y Juan Revy.

En esta convocatoria se calcula una asistencia de 24 entusiastas, particularmente alumnos y profesores de la novel Facultad de Ciencias. El propósito que los guiaba era promocionar “Congresos y concursos científicos organizados por ella y su actuación en otros, dieron en el exterior un mejor conocimiento del país, mientras se desempeñaba en conferencias y conversaciones científicas de múltiples aspectos; (y) … su Biblioteca Pública brinda el tesoro de las obras más notables”.

Instalada la entidad, su historia no se detendría hasta hoy. Ingenieros, matemáticos, naturalistas, juristas, químicos, representantes de las fuerzas armadas y médicos han sido sus presidentes, y ha tenido dos sedes: la primera en virrey Cevallos 269 (Capital Federal), de 1894 a 1933, y la actual en avenida Santa Fe 1.145 (CABA), desde 1934.

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